La integración, el reto que definirá Alemania



Hace dos años Merkel abrió la puerta a los refugiados. Llegaron 1,3 millones. Uno de cada 10 ha encontrado empleo.

25 DE AGOSTO DEL 2017.
PRE-IMPACTO:

Hoy llueve y hace frío a las afueras de Berlín. El patio del centro de refugiados está encharcado y por los pasillos en penumbra corre un aire fresco. Anochece y algunos refugiados salen del edificio con un cubo en la mano. Llevan dentro jabón y una toalla para lavarse en la garita prefabricada plantada en un descampado tomado por la mala hierba.

En las habitaciones, literas de metal y taquillas hacen las veces de mobiliario. Dentro, a una joven le resbalan las lágrimas por las mejillas. Llegó del norte de Siria siguiendo a su marido, acogido desde hace dos años en otro centro muy alejado. A Zeinab (nombre falso) los días se le hacen eternos. Mata el tedio escribiendo en el móvil poemas que cuelga en Facebook. A ratos se junta con otras mujeres en el patio. Cuentan que llevan dos años viviendo en este campo y que su vida en Alemania no ha echado a andar. No tienen casa ni trabajo. Su alemán es muy mejorable.
No todos los refugiados que desembarcaron en Alemania en los últimos dos años se encuentran en esta situación. Los hay que han encontrado trabajo o que están preparándose para hacerlo. Pero la imagen de este centro ilustra las dificultades propias de la integración de más de un millón de personas que aterrizan con lo puesto en una cultura ajena. Alemania se juega mucho en este proceso. Que jóvenes como Zeinab participen en la sociedad como uno más determinará también el futuro de una balanza demográfica desequilibrada y de un mercado de trabajo al que le faltan jóvenes. Algunos datos, como la creciente incorporación al mercado laboral, son alentadores. Otros, como la falta de vivienda o los ataques racistas, que no cesan, resultan preocupantes.

 “El Gobierno alemán está haciendo esfuerzos gigantescos porque sabe que el coste del fracaso de la integración sería tremendo. Los primeros años son fundamentales para la integración en el futuro”, explica Christian Dustmann, director del centro de investigación de las migraciones del University College de Londres. Berlín gastará este año otros 20.000 millones en acogida, integración y ayuda a los países de origen.



IMPACTO.

Hoy hace dos años que la agencia para los refugiados y las migraciones alemana envió a las 04.30 de la madrugada el célebre tuit que dio la vuelta al mundo y que precipitó el mayor éxodo migratorio desde la Segunda Guerra Mundial: “En este momento no estamos procesando procedimientos de Dublín para ciudadanos sirios”. El lenguaje burocrático encerraba una noticia bomba que cambiaría la historia de Alemania. A los sirios que llegaran no se les devolvería. Se podían quedar.
A finales de agosto llegaban los primeros trenes de Hungría, que fueron recibidos con aplausos y abrazos. Días más tarde, la canciller Angela Merkel pronunciaba la ya célebre frase que conoce cualquier alemán y que tiene incluso una entrada en Wikipedia: “Wir schaffen das”, lo lograremos. La euforia humanitaria duró poco. Dublín se reinstauró tres meses después y Berlín endureció su política migratoria al compás de una crisis política que acorraló a la canciller en las encuestas.

Las encuestas hablaban de un auge de la extrema derecha. En la calle, la preocupación por el aparente descontrol migratorio crecía. Berlín optó por dar un golpe de timón y poner en marcha una serie de medidas que han ayudado a frenar las llegadas.

 La más efectiva ha sido probablemente el acuerdo con Turquía para repatriar migrantes. Agilizar las deportaciones, aplicar Dublín y otorgar más permisos temporales y menos permanentes han sido otras. Merkel no ha sucumbido sin embargo a la exigencia de la CSU bávara de fijar cuotas máximas de refugiados. El electorado ha recobrado la sensación de que la situación vuelve a estar bajo control y los refugiados han dejado de estar en primera línea de la agenda política, apenas a un mes de las elecciones generales, en las que Merkel parte como favorita.

POST-IMPACTO.


Las aguas políticas han vuelto a su cauce y las llegadas hace meses que remiten, mientras 1,3 millones de solicitudes de asilo tratan en silencio de salir adelante. 

Ha sido y está siendo una operación logística descomunal, con la que Alemania trata de evitar los errores del pasado con los trabajadores turcos, que hoy suman tres millones y cuya integración dista mucho de ser perfecta.

Rames Melhem es la personificación de la integración exprés, la otra cara de la moneda de los refugiados que se eternizan en centros aislados del resto de la sociedad. Llegó de Siria hace poco más de un año y ya tiene novia, amigos, trabajo y vive en una habitación compartida. Tiene 23 años y despacha pollo con cilantro en un restaurante berlinés con una sonrisa en la boca. En septiembre empezará un curso puente para ir a la universidad, donde quiere estudiar gestión de empresas. Es un tipo muy despierto, que salvaba vidas evacuando heridos en Homs.

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