Entre quienes llegan hay personas
necesitadas de protección, mujeres víctimas de trata y menores, pero la
eficacia en garantizársela es aún baja
Rescatados
en el Estrecho por Salvamento Marítimo descansan tras desembarcar en Tarifa
(Cádiz) en septiembre de 2017.
14 de septiembre de 2017
PRE-IMPACTO
España presume de cifras bajas en la llegada de migrantes a través del
Mediterráneo, y lo justifica por el éxito de su política de control de
fronteras, en la que ha sabido implicar a otros países africanos, especialmente
a Marruecos. Sin embargo, la situación está cambiando. En lo que va de
año, han llegado a Europa a través de la ruta occidental del
Mediterráneo (Marruecos-España), 13.740 personas. Una cifra ligeramente
superior a las 13.246 de todo 2016. A ellos hay que sumar las 128 personas
fallecidas en la frontera sur española hasta septiembre, exactamente la misma
cifra que en todo 2016 según la Organización Internacional de la Migraciones (OIM).
IMPACTO:
El crecimiento progresivo en las llegadas a España tiene que ver con lo
que está sucediendo en el Mediterráneo. El pacto de la Unión Europea (UE) con Turquía de 2016 ha
sellado, por ahora, la ruta oriental a través de Grecia, que ha pasado de
recibir 857.000 personas en 2015 a 176.906 en 2016 y tan solo 17.738 hasta
septiembre de 2017. Además, los últimos acuerdos con Libia y otros países
africanos están estabilizando las llegadas a Italia, que se mantienen en 99.967
migrantes en septiembre de 2017, tras meses de crecimiento. Todo ello aumenta
la presión sobre la ruta occidental del Mediterráneo, aunque España se mantiene
aún como el punto de acceso con menos entradas.
La imagen global de las migraciones en el Mediterráneo nos muestra que
se han reducido drásticamente las entradas por la frontera sur europea desde
2015, pasando del millón de personas del año 2015 a las 387.739 del año 2016 y
las 132.000 de septiembre de 2017 (OIM). Un descenso muy acusado que nada tiene
que ver con que se hayan mitigado las causas de los flujos migratorios, sino
con una respuesta europea que ha priorizado el cierre de fronteras a cualquier
coste y que ve en España un exitoso antecedente de esta política.
En mayo de 2015, en plena crisis de refugiados, la UE anunció una nueva
y amplia agenda migratoria. Sin embargo, las medidas que han concitado los
mayores esfuerzos políticos y financieros han sido las de control migratorio.
Dicho control tiene como pilares el endurecimiento de los controles en frontera
(en España se siguen practicando devoluciones en caliente, en
las vallas de Ceuta y Melilla y en el mar), así como la colaboración de
terceros países de tránsito y origen para frenar los flujos hacia Europa. Esta
política endurece el acceso a Europa y aleja a migrantes y refugiados del
territorio europeo. En paralelo, ni España ni Europa han habilitado en estos
años vías de acceso legales y seguras de refugiados. Y eso que el marco legal
español lo permite: no habría que modificar las leyes, solo se requiere
voluntad política.
Ni España ni Europa han habilitado en estos años vías de acceso legales y
seguras de refugiados
POS-IMPACTO:
La migración es una de las cuestiones más complejas y relevantes de
nuestro tiempo. No hay soluciones simples. No es posible (ni deseable) una
Europa sin migración. España y Europa necesitan impulsar con mucha más fuerza
políticas más abiertas e inclusivas, que reconozcan que ya somos sociedades
diversas y plurales, que la migración puede ser una fuente de riqueza y que
invertir en políticas activas de integración es invertir en nuestras propias
sociedades. Es igualmente necesario analizar y comprender las causas y asumir
su persistencia, así como desarrollar más vías legales de acceso y saber
conciliar el legítimo control de las fronteras con el respeto a los derechos
individuales de las personas.
Quienes llegan a nuestras costas ya han sufrido terriblemente. Tienen
derecho a ser recibido con dignidad y respeto a sus derechos,
independientemente de su estatus migratorio. Las “devoluciones en caliente” se
siguen realizando en España y son inaceptables. Y reconozcamos que entre quienes
llegan hay personas con necesidades de protección recogidas en la ley, como
refugiados, mujeres víctimas de trata y menores, pero la eficacia en
garantizársela es aún baja.

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